Loading...

Toda intervención social con mujeres debe asentarse en la perspectiva de género que nos permite situarnos en el plano real de la mujer, reconocer que parten de una situación de desigualdad construida a lo largo de los años, situación que describimos a continuación pero que sin duda puede ser transformada.

Las mujeres han sido educadas “para los otros”, para cuidar de los hijos/as , familiares enfermos o mayores, son las responsables de que el hogar sea un lugar confortable para la familia, suelen ser las que llevan el peso de la crianza de las y los más pequeños, su educación en gran medida depende de ellas…ese es un mandato de género con el que las mujeres generación tras generación han ido creciendo, el fomento de ese amor desinteresado hacia los demás, de esta forma, en ocasiones se da una falta de desarrollo de la individualidad (del yo), y por tanto la imposibilidad de construcción de la autonomía personal.

La mujer contemporánea además vive actualmente con la creencia implícita en la sociedad de que “debe” ser independiente económicamente y conseguir un trabajo fuera de casa, así aparece el concepto de la doble jornada femenina que alude a “ la experiencia reciente de las mujeres de combinar sistemáticamente el trabajo en el hogar con el trabajo para el mercado” ( Vega, 2001). El trabajo que se da en el hogar, de manera privada y sin ser remunerado es un trabajo invisible que no es considerado un trabajo como tal, de manera que no se da valor a esa función ni a la carga que supone para la mujer apareciendo en ella sentimientos de frustración y estrés.

La mujer sufre además la presión social que le impone cumplir con los estereotipos de belleza imperantes, no es extraño que esto cause graves consecuencias para la salud física y mental de algunas de ellas.

Y aunque actualmente existe una menor tolerancia social hacia la violencia, todavía demasiadas mujeres todavía soportan un alto grado de violencia, tanto en sus relaciones de pareja como fuera de ellas. Esto sucede en todas las clases sociales, religiones y niveles educativos. En definitiva, el factor principal de riesgo para la violencia contra las mujeres es, precisamente, el hecho de ser mujer.

Todas estas realidades y mensajes son parte de la identidad de género femenina que actúan dañando su autoestima, desde enProceso proponemos proyectos que posibiliten a las mujeres construir un espacio personal de calidad, que las acompañe en la búsqueda de sentido a su vida, donde puedan revisar todos estos mandatos e incorporarlos de manera que alcancen su bienestar psicosocial