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Malos tiempos para las personas mayores.

El covid 19 se ensaña con las personas mayores de 70 años, siendo más letal cuánto mayor eres. Además el colapso sanitario ha provocado que no sean la prioridad cuando ingresan graves en un hospital.

Es una prioridad absoluta cuidar de ellos y ellas, ya que es el colectivo más vulnerable al virus, pero han demostrado ser la generación más fuerte, la que ha luchado por los derechos de la mujer, los trabajadores y la infancia, la que ha puesto en marcha la democracia y la que con mínimos recursos ha sacado adelante el país.

En la crisis de 2008 las personas mayores fueron el soporte de muchas familias que en esos tiempos pasaron por momentos precarios económicamente, acogieron en sus hogares a toda su descendencia, hijos, hijas, nietos, yernos, nueras… las personas mayores hicieron hueco en sus casas a familiares y multiplicaron los alimentos para dar de comer a todas las nuevas bocas que tenían a su cargo de nuevo.

Estiraron sus pensiones, esas que les dan ingresos mínimos con los que hacer malabares todos los meses. Hubo familias que sacaron a sus mayores de residencias para poder usar ese dinero que les ayudaba a sobrevivir durante la crisis.

Cuidaron de los más pequeños, sacando fuerzas y energía de donde no las había, sonrieron a la vida y disfrutaron de tener la casa llena de nuevo, siempre con esa fuerza que les ha dado haber vivido una guerra, una revolución tecnológica y un sinfín de acontecimientos en que nunca creyeron que puedieran darse.

Y ahora los tenemos en riesgo, están falleciendo en soledad en hospitales o residencias sin el acompañamiento que merecen y sin el reconocimiento que se han ganado. Como sociedad tendremos que recapacitar cuándo todo ésto pase y valorar en qué lugar colocamos a nuestros mayores, a esas personas que salvan el barco cuando se las necesita. Habrá que replantearse cómo les hemos tratado en las últimas décadas y si ese lugar se corresponde con la herencia que ellos y ellas nos dejan.